El arte y las masas
Hace mucho tiempo, en los albores de la civilización, el hombre de las cavernas tuvo la genial idea de llenar las paredes de su casa de pintadas que, entre otras cosas, narraban sus andanzas diarias. Para algunos es el primer acercamiento de la humanidad al arte, y para otros, entre los que me encuentro, el primer intento serio de abrirse un fotolog. Tuviera más o menos éxito, el hombre de las cavernas encontró con su afición algo más que una forma de expresar sus sentimientos de victoria sobre mamuts y otras bestias prehistóricas; tuvo un público.
Ya en nuestros tiempos, el público es la única especie que todos, desde el humilde blogger hasta la estrella de la televisión, debemos cuidar. Porque sin público no somos nadie, o como mucho, locos hablándole a las paredes.
Pero tener público, fans o como queramos llamar a nuestros seguidores tiene un doble filo, o si no que se lo pregunten a mi amiga Cris, una estilista de cine y televisión que, sin quererlo, abrió un diario de contenido erótico y, en cuestión de semanas, se convirtió en un fenómeno en la blogosfera.
Enseñar culo y canalillo en Internet es una garantía de éxito entre adolescentes y treintañeros a los que se les está pasando el arroz, pero también cuenta con un elemento democrático y entre tus visitas puedes encontrar a numerosas chicas que te idolatran e imitan hasta las últimas consecuencias.
Pero imitar a Elvis no te garantiza ser el Rey, y un amplio sector de las fans se desencantó con su inalcanzable ídolo, y más cuando ésta se lavaba las manos a la hora de dar consejos.
Cris terminó harta de las chicas que la odiaban por lucir mejor que nadie las bragas del Women’s Secret o de aquellas que, con un blog de características similares, no llegaban a las tres visitas diarias.
Finalmente, cuando la adoración se convirtió en odio, Cris cerró su blog. Más de uno lloraría amargamente su pérdida y otras tantas comprobarían que, ni aun abatida la competencia, consiguieron llenar sus páginas personales.
La fama es efímera. El hombre de las cavernas lo comprobó al llegar el invierno y ver que las presas escaseaban. Sin presas, no había pinturas, y sin pinturas, se quedó sin público.
Bueno, de vez en cuando alguien le preguntaba: «¿Cuándo actualizarás?»